Archivo mensual: abril 2011

New York. Lugares especiales, experiencias permanentes


La perspectiva que te proporcionan los viajes te ayuda a ver la vida de manera distinta. Esa distancia te permite distinguir lo valioso de lo inútil y te ayuda a configurarte una visión de los hombres, de lo que eres y lo que quieres ser. Porque la vida va más allá de nuestra ciudad, nuestro barrio, nuestras calles, tiendas o cafés favoritos. Va más allá de nuestras costumbres, amigos y formas de ver la vida. Cambiar radicalmente de escenario te ayuda a conocerte mejor, a intuir en qué juicios te equivocas y concretamente a no ser radical. Al menos, a mi sí.

No comenzaré a indicar lugares que visitar o entradas que pagar porque ya tenéis guías de viajes cien mil veces mejores que las recomendaciones que os pudiera facilitar. Con lo que yo me quedo y quiero transmitir es con el valor de las experiencias. La necesidad de no ser escépticos, de dejar a un lado los prejuicios y lanzarse a cruzar el charco para descubrir cómo viven aquellas personas que son tan parecidas a nosotros.

Se palpa la ansiedad de los taxistas por recoger a pasajeros, la amabilidad difusa de los camareros que piensan en las propinas (como crítica: deben intuir que no es muy europeo o, al menos, muy español dejar buenas propinas, así que, en muchos locales ¡incluyen las tips en la cuenta!).

Lo que más me ha sorprendido es que el sector servicios está cubierto por hispanohablantes en su gran mayoría y que los avisos por incidencias en el metro son repetidos en español justo después que en inglés. Nos expandimos.

Es de admirar el elogio por la cultura que profesan. Disponen de las mejores bibliotecas que he visto nunca, e incluso, existe un parque (Bryant Park) al lado de la New York Public Library donde puedes leer libros durante todo el día que están dispuestos en estanterías al aire libre. Es genial.

Asimismo, es… realmente emocionante permanecer en un rinconcito observando como viven su religión. Tuve la oportunidad de hacerlo en una Iglesia Baptista en la que, como sabéis, cantan Gospel con una vocal enormemente amable que se dedicó a saludar a todos los presentes, prácticamente uno por uno, antes de comenzar la misa. Otra experiencia mística fue la de Saint Patricks Cathedral, dónde la enormidad del lugar y su magnificencia te atrapan. Las oraciones son como conversaciones entre el predicador y los fieles y, después, todos cantan. Para que los asistentes puedan seguir el ritmo hay en cada banco un libro que contiene las misas y otro las canciones. Te avisan de cuál es al inicio de la oración, incluso indican la página.

Hay mucha hospitalidad. Sí que es cierto que la grandiosidad del lugar parece enfriar las relaciones sociales, que todo el mundo va de un lado al otro sabiendo qué debe hacer y sin detenerse un segundo a meditar. Pero tiene pequeñas cosas que hacen al lugar especial.

Como crítica… sé que no será compartida por todos pero… fui al “museo” que recuerda a las víctimas del 11 de septiembre y me pareció escalofriante… Me dio la sensación de que se comercia con el sentimentalismo de las familias que perdieron a sus seres queridos. Que se pretende realizar una especie de reconstrucción de aquél día que comenzó como el de cualquiera de nosotros con imágenes que no son reales. En fin, la comercialización con este tipo de acontecimientos sencillamente me repugna.

Naturalmente me quedé, lo leí y lo vi todo, incluso fotografié objetos pero… no me gusta la idea de ese enorme panteón por el que se cobran 10 dólares por entrada. Además, parece justificar de algún modo, o eso pensé yo, las atrocidades producidas por el contraataque estadounidense. En fin, al final de la visita podías dedicar unas palabras, las mías fueron: La violencia no se soluciona con más violencia.